Descripción
Siempre he preferido un libro a una película.
Sinceramente, el cine nunca me ha gustado demasiado, sentarme en una butaca y que me ofrezcan todo hecho, prefiero la lectura, en la cual tengo que “añadir mis ojos” a personajes y paisaje para comprender el argumento.
El caso es que, casualidades de la vida, acabé trabajando en el Cine, pequeña parte de un mundo del que nunca o, al menos, en muy pocas ocasiones se ha tratado: la figuración. Estamento más “bajo” y humilde, no por ello menos necesario e importante. “Atrezzo que come”, según definición altiva de algún prócer de la profesión, sin los figurantes no habría celuloide. Tampoco esta novela. Que trata de ser además un toque de atención, bandera blanca contra tanto conflicto armado en que (casi) continuamente vivimos, imbuidos y ciegos las más de las veces. Quise hacerlo coincidir con el centenario del mal llamado “desastre de Annual”, hoy podría tomar otros nombres, tantos nombres





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