Descripción
Un bar en una ciudad costera se resiste a un acoso físico, empresarial y mediático. El patrón, detective aficionado y experto en complicarse la vida, se refugia del mundo moderno junto a sus amigos a base de cerveza, fútbol histórico, canciones del siglo pasado y tertulias de ideas.
Pero los enemigos acechan. Una empresa embotelladora de agua y una secta que —casualmente o no— rinde culto al agua se expanden por la ciudad y por todo el país. Ambas cuentan con apoyo institucional. En torno a la segunda se multiplican las
personas idénticas unas a otras.
Cuando existe un deseo de sometimiento por un lado y coraje por el otro, la violencia y la pasión se mantienen latentes hasta que estallan.
Hay quien dice que toda película es en el fondo un wéstern.
Esta novela tal vez sea un wéstern urbano en el que el lector deberá dilucidar quiénes son los imbéciles y si son más o menos magníficos.





Angel Espiniella Menéndez –
1. No es fácil reseñar la novela de un amigo al que conoces hace unos treinta y cinco años. Máxime cuando en mi oficio las reseñas de las monografías académicas destripan el contenido y aquí no debo hacerlo; no vaya a ser que os desanime a comprar un libro que verdaderamente lo merece. Aún así, me animo a una humilde recensión, superado el trance de que no parezco inspirar el título del libro.
2. Formalmente es una primera novela, pero, materialmente no. No solo porque está
excelentemente escrita, sino porque, además, hay demasiada madurez, demasiado proceso de creación por no menos de nueve años. Hay mucho del autor en el libro. Hay un estilo muy propio, en el que los que lo conocemos identificaremos la influencias de la composición coral de Cheers, de la aspereza de Mou, de la épica del fútbol viejo, o de la autenticidad de la buena música, por poner
solo algunos ejemplos.
3. Aunque no entraré en el contenido del libro, sí que puedo recurrir a la nota biográfica y al resumen de la contraportada. Y en ambos hay algún apunte que
describe la novela de un modo magnífico. Efectivamente hay una vuelta a Asturias,
pero el autor “nunca se había ido del todo”. Y eso le permite construir, y comprender a, unos personajes a la perfección, tan universales como fáciles de ubicar en esta región, aunque narrativamente no lo estén. Y luego nos encontramos la mejor
definición de la novela en el texto comercial de la contraportada, tan a la altura de su contenido: “esta novela tal vez sea un wéstern urbano en el que el lector deberá dilucidar quiénes son los imbéciles y son más o menos magníficos”. ¿No es
maravilloso? Porque Julio -con quien alguna cerveza por su parte y algún café por la mía acababa hablando de John Ford- comparte eso de que, en el fondo, “toda película es un wéstern”. Y sin duda que este libro lo es; solo que ocurre en la actualidad, un wéstern en tiempos de franquicias, clonaciones o sectas. Pero, cuidado, no un wéstern de buenos y malos; es más complicado, no es tan fácil
adivinar (y creo que el autor juega con el lector) quiénes son los magníficos, quiénes los imbéciles, y quiénes los magníficos imbéciles.
4. Julio nos pone ante el espejo personalidades, valores y principios que parecen sólidos en tiempos líquidos. Pero, como el autor indica, el puñetero espejo no refleja. Y esta perspectiva es, simplemente, una genialidad.